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HONEYWELL TECHNOLOGIES – Edificios inteligentes: de la gestión reactiva a la gestión autónoma.

Los edificios están dejando de ser estructuras pasivas para convertirse en ecosistemas conectados,  con plataformas capaces de interpretar datos, anticipar fallos y optimizar su funcionamiento. Esta es la visión presentada por Honeywell Building Solutions en “Infraestructuras Inteligentes 360”, un encuentro celebrado en Barcelona que reunió tres ámbitos cada vez más interdependientes: inteligencia artificial aplicada a la operación, resiliencia de la tecnología operacional, Ciberseguridad y evolución de las plataformas de gestión de edificios.

El primer cambio consiste en superar el modelo tradicional, caracterizado por sistemas aislados, información fragmentada y mantenimiento principalmente presencial. Frente a él surge un edificio conectado, con datos contextualizados, servicios en CLOUD, acceso móvil y asistencia remota permanente. Los avances en las tecnologías en la nube y en las herramientas de análisis de datos, están acelerando esta transición y favoreciendo una gestión más eficiente, flexible y predictiva. No obstante, su implantación todavía debe afrontar obstáculos como la escasez de personal especializado, la obsolescencia de los sistemas heredados, la preocupación por la ciberseguridad, la resistencia organizativa al cambio y la dificultad para justificar determinadas inversiones.

Honeywell Forge for Buildings es un ejemplo de este nuevo enfoque. La plataforma reúne indicadores de confort, consumo energético, estado de los activos y alarmas; permite supervisar instalaciones a distancia; identifica oportunidades de ahorro y facilita la planificación del ciclo de vida de los equipos. Sus capacidades de mantenimiento predictivo incorporan detección de anomalías, priorización de incidencias, análisis de causa raíz y estimación de la vida útil restante. El objetivo es pasar de reparar después del fallo a intervenir antes de que afecte a la actividad, reduciendo costes, tiempos de inactividad y consumos innecesarios.

Esta conectividad, no obstante, amplía la superficie de exposición digital. La presentación alerta del fuerte crecimiento de los ataques contra entornos OT, es decir, los sistemas que controlan procesos y equipamientos físicos. Entre las cifras citadas figuran un aumento del 600 % de los ataques asociado al uso de inteligencia artificial, intrusiones en el 75 % de las organizaciones OT y costes potenciales superiores a diez millones de dólares. Más allá de las cifras, los incidentes sufridos por servicios públicos e infraestructuras críticas demuestran que un ciberataque puede tener consecuencias operativas, económicas y reputacionales inmediatas.

La resiliencia exige combinar tecnología, organización y cumplimiento normativo. Marcos como la directiva europea NIS2, el Esquema Nacional de Seguridad, NIST, ISO 27001 o IEC 62443 refuerzan la gobernanza, la vigilancia continua, la gestión de riesgos, la notificación de incidentes y la protección de la cadena de suministro. Soluciones como Cyber Insights trasladan estas exigencias a capacidades prácticas: inventario automático de activos, visibilidad de redes OT e IoT, identificación de vulnerabilidades, detección pasiva de amenazas y seguimiento del cumplimiento en múltiples emplazamientos.

El tercer eje es la transformación de los sistemas BMS. En muchos edificios, climatización, iluminación, videovigilancia, control de accesos, incendios y energía todavía funcionan como silos independientes. Las nuevas plataformas IBMS proponen integrarlos en una arquitectura modular y escalable, con puestos de operación unificados, herramientas móviles, navegación mediante mapas, gestión de incidentes y automatización de procedimientos. Esta integración permite comprender mejor lo que sucede en cada instalación y coordinar respuestas más rápidas.

EBI Next Gen lleva este planteamiento un paso más allá al situar la inteligencia artificial en el centro de la operación. La plataforma pretende normalizar automáticamente los datos, generar modelos y paneles, reconocer patrones de alarma y facilitar configuraciones mediante recomendaciones inteligentes. También incorpora una interfaz conversacional con la que los operadores pueden consultar el sistema en lenguaje natural y obtener gráficos, tablas o listados. Los gemelos digitales completan esta evolución al ofrecer una representación dinámica del edificio sobre la que analizar escenarios y mejorar decisiones.

La conclusión es clara: el edificio inteligente no depende de una única tecnología, sino de la convergencia entre conectividad, análisis de datos, eficiencia energética, automatización y ciberseguridad. El verdadero avance llegará cuando estas capacidades funcionen como un sistema integrado, capaz no solo de informar, sino también de anticiparse, recomendar y actuar con niveles crecientes de autonomía.